Gabriela Lena Frank: Identidad compuesta

Frank J. Oteri: Considerando que tantas de tus composiciones hacen referencia a temas Latinoamericanos, pensé que un buen lugar para empezar esta conversación sería preguntándote sobre tu único sentido de identidad que afecta la música que creas.

Gabriela Lena Frank: Esa es una muy buena pregunta y va en dos direcciones. Yo pienso que la música puede ser vista como un producto secundario de mi, siempre tratando de identificar qué tan latina o gringa soy. Ésto ha sido algo que siempre me he preguntado desde que era niña. Incluso mi madre me recuerda preguntándole, —¿Soy peruana sólo porque tú eres peruana? ¿Qué significa?— Las historias que ella me contó parecían tan exóticas que no podía identificarme con parte de ellas. Pero con otras partes si me pude conectar. Como parte de esa trayectoria, la música con la que estaba realmente fascinada es con la música del Perú; porque se suponía que tenía que ser mi música. Luego la música que yo empecé a escribir tuvo mi propia interpretación sobre la cultura peruana. De manera que me ha afectado de adentro para afuera y de afuera para dentro. Todo lo que hago como compositora es verdadero para con mi personalidad, pero tomó algo de tiempo que todo llegara a ser lo que es. Aún estoy sintetizándolo. Aún no tengo respuestas fáciles para ésta pregunta.

FJO: ¿Durante tus años formativos, estudiaste música clásica occidental?

GLF: Sí, pero no tenía mucho conmigo la carga que lleva con ella. Mi primera maestra de piano fue una refugiada de Sudáfrica, así que ella ya tenía una perspectiva muy interesante de la música clásica. Ella obtuvo su entrenamiento en el Conservatorio Real de Londres. Yo fui su primera estudiante de piano en la mitad de los 70’s, y vivíamos en Berkeley, California, en los días hippies de más áuge. Multiculturalismo y diversidad ya existían antes que esas palabras resonaran en el resto del país. Ella me daba piezas de este individuo llamado Bach. Pero yo sabía lo que era un preludio. No sabía que él estaba escribiendo para una iglesia. No sabía que la gente estaba escribiendo para reyes y reinas. Pensaba que los reyes y reinas eran muy románticos. Hasta que me di cuenta años después que reyes y reinas no siempre hacían cosas buenas. No pensaba sobre eso. La música me gustaba porque hacía que el piano sonara realmente maravilloso. La música para piano era solo música para piano; la carga política vino más tarde.

Cuando entré en el programa de entrenamiento a nivel universitario, ya me daba más cuenta del status quo relacionado con la música clásica occidental, y era algo con lo que no me identificaba. Cuando crecí fui a muy pocos conciertos de música clásica. Me aburría la mayor parte de la música que escuchaba. No era una parte substancial del repertorio musical que escuchaba. Aparte de eso solo tocaba el piano.

FJO: Entonces tienes dos experiencias completamente diferentes con la música sucediendo al mismo tiempo: como pianista tocando Bach, y otra como oyente pero sin dedicación a la música clásica.

GLF: Pues, yo escuchaba la música que estaba tocando. Entonces, por ejemplo, mi maestra de piano hacía cassettes con 20 artistas diferentes tocando la pieza que yo estaba tocando. De manera que yo crecí conociendo todo el gran repertorio y sus intérpretes. Eso es lo que más me gustaba, pero no fue en un contexto histórico, o cultural. Ella también me llevaba a su casa los Domingos por la noche; y me sentaba con ella y su esposo a escuchar lieder. Yo escuchaba algo en alemán, y ella me contaba sobre “La muerte y la moza,” la historia detrás de la canción. Escuchábamos también cuartetos de cuerdas y otra música de cámara. Era una relación tan íntima entre la belleza de la música y sus posibilidades sonoras. Ella me explicaba la forma de sonata, pero no necesariamente en su contexto, sino cómo fue desarrollada de ciertas otras formas que fueron artefactos culturales.

FJO: Entonces estabas escuchando música clásica, solo que no en conciertos.

GLF: Sin esa carga [cultural]. La otra música que yo escuchaba era la música folclórica de los Andes. Éste fue un tiempo muy importante para la música andina en términos de proyección global. Muchos golpes militares tuvieron lugar en naciones con conexiones andinas, que fueron parte del imperio inca. Uno de los grandes en fue en Chile, y cosas estaban sucediendo en Argentina [también]. Ellos empezaron a enviar músicos que ya estaban fusionando estilos. Muchos de estos músicos que vinieron al área de la Bahía provenían de Bolivia, Ecuador, y Perú. Por primera vez, empecé a conocer personas de esos países aparte de mi madre. Fue increíble para mi. Estaba fascinada. Entradas a sus conciertos eran siempre agotadas. Había tanto interés. Audiencias eran tan diversas, de todas las edades. Eran ruidosas. La gente hablaba durante el concierto. Era una interacción muy fuerte entre músicos y la audiencia. A veces bailando. Ellos usaban trajes tradicionales. Yo podía mirar todos los instrumentos y escuchar todos los sonidos que ya había visto y escuchado en los viniles que mis padres una vez trajeron desde el Perú. Al contrario de los conciertos de música clásica, éstos fueron conciertos que no quise dejar. Ellos no me aburrían. Aún así mi instrumento era el piano. Amo al piano. Yo tomé el piano como el blanco en el arroz. Yo no podía verme tocando la quena. Me encantó su sonido, y los grandes gestos que pude entender. Empecé a tratar de replicar el sonido del charango, que es como la mandolina, pero si le das vuelta tiene el cuerpo de un armadillo en la parte de atrás. Sus sonidos fueron hermosos para mi. Yo quería tratar y evocar eso en el piano.

FJO: Entonces, considerando que primeramente empezaste a apreciar música clásica sin estar completamente consciente de su carga cultural, me pregunto que piensas sobre la gente que viene a escuchar tu música. ¿Qué tan importante, piensas tu, es que la gente aprenda de su identidad cultural, y como has tratado de encontrar tu propia identidad por medio de tu música?

GLF: Es importante para mi como creadora, pensar sobre éstas cosas. Yo no se qué tan importante es para otras personas. En cierta forma, pienso que cada uno debe ser el dueño de su propia experiencia auditiva. ¿Le gusta a la audiencia leer notas en un programa? Aveces sí, si tienen la disposición, aveces no la tienen. No me gusta que la gente acepte la música porque proviene de una “voz marginalizada.” No quiero abrumarlos con información. No necesitan saber ésto. Recuerdo que recientemente recibí un cumplido muy bonito de una violinista en un festival. Ella tocó una pieza que tenía muchas notas en el programa, con explicaciones sobre varios estilos montañeses. Es una obra para violín y piano. En música de cámara, siempre soy muy detallada con las cosas a las que me refiero, y pongo fotos y muestras de sonidos de los instrumentos que están evocando. Ella escuchó todo, y dijo que era no era necesario del todo. Ella me dijo que todo estaba ya en la música en sí. Ahora bien, así es como yo comencé con la música, sin toda esa carga. Pienso que para mi es muy satisfactorio cuando alguien puede tener las dos experiencias como ella las tuvo, donde ella tuvo toda la información, la digirió, le ayudó en la preparación para tocar la pieza, pero al mismo tiempo dijo: —Me hubiera gustado igualmente sin saber nada de eso.— Yo espero que la audiencia se sienta de la misma manera también. Creo que los artistas conocen la música mejor que el público. Ellos (los artistas) viven con ella, pero me gustaría la misma perspectiva para el oyente.

FJO: ¿Ahora bien, puede la música entonces ser de alguna forma el puente para entender a otra cultura?

GLF: Sí. He visto eso muchas veces ahora. No pensé que ese sería el resultado, pero lo has dicho claramente. La gente me dice muchas veces en los conciertos, —Usted me ha despertado la curiosidad de saber más; ¿Donde puedo escuchar más de esta música? No sabía que las fotos de estos ponchos coloridos o la quena fueran de Perú. Lo vi en el National Geographic.— Absolutamente, hicieron la conexión.

FJO: Usted dijo que los músicos andinos que escuchaste fueron los primeros que conociste aparte de tu madre que eran del Perú. ¿No creciste en una comunidad hispana del todo?

GLF: Realmente no. También tienes que tener en mente que los latinos con los que crecí eran mexicanos. Ellos vienen de una cultura completamente diferente. Me tomó mucho tiempo definir lo que significa para mi ser “latina.” Pasé por años cuando traté de ser mexicana. En la universidad fui presidenta de un club de estudiantes predominantemente mexicanos, Traté de entender sus preocupaciones y me sumergí en las políticas de chicano vs mexicano vs tejano. Fue en ese instante que empecé a pensar en lo que significa ser latinoamericano a diferencia de ser latino, y como yo no estaba sola tratando de comprender ésta crisis de identidad. Todos somos niños de inmigrantes; y existe un tipo de nostalgia y una tendencia a romantizar la madre patria. Pensamos en tiempos puros y pensamos sobre cómo no encajamos exactamente con grupos de compañeros, y no sabemos exactamente lo que significa exactamente encajar en sociedad.

FJO: Aunque creciste con un entorno que no era solo peruano, creciste en un barrio que no era predominantemente latino. Los títulos de casi toda tu música son en español.

GLF: Eso es porque allí es donde estoy en este punto de mi vida. Amo el hecho que soy peruana. Amo el reclamar todo lo que eso implica, y parte de ésta trayectoria ha sido el conocer a mi familia en el Perú también. Mi madre viene de una familia de 14 niños, así que hay mucha gente con la que estoy conectada. Empecé a viajar a Perú hace 10 años gracias a buenas becas durante mis posgrado. La primera vez que fui pensé que iba a ser un regreso mágico, pero en lugar me sentí como una “gringa!” Me enfermó el agua, me enfermó la comida, me quemé con el sol, se me infectaron los oídos. Me perdí. Perdí dinero. Estaba en un estado de choque cultural. Me sentí rechazada por mi tierra. Aún así, hubieron muchos momentos en los que me sentí tan feliz, que decidí regresar. Me dí cuenta, más por familiaridad, pero también porque se sentía como recordar, (no se como decirlo) para entender mi herencia, y todo lo que tenía que ver conocer mi familia. Ellos estaban tan orgullosos de ver que a mi madre le iba tan bien. Ella me había dado todas las cosas que ellos no tuvieron. Ella pudo darme a mí y a mi hermano la oportunidad de una educación y seguridad. Cuando ella estaba en los Estados Unidos, Sendero Luminoso estaba rompiendo el Perú. Aún ocurren atentados terroristas allí. Existen tensiones en el Medio-este, pero nos olvidamos que éstas cosas aún ocurren en Latinoamérica.

FJO: Dijiste algo que me pareció interesante sobre las personas que son hijos de inmigrantes tratando de recapturar ésta otra cultura, ésta cultura pura, y un tema que impregna gran parte de tu música es la cultura Inca. Pero hay tan poco que sabemos sobre los incas en tiempos precolombinos. De hecho, no hay ninguna música de los incas que no esté de algún modo infundida con el impacto o influencia de los conquistadores españoles. Incluso las sonoridades de los instrumentos—aunque seguramente amalgamadas y generadas por nuevos instrumentos— influenciados por lo que les fue traído. Entonces, la pregunta es: ¿Cuándo creas algo y dice que ésta es la música incaica, qué significa esto para ti?

GLF: Recuerdo la primera vez que me frustré con lo evasivo de mi búsqueda, la cuál era para mí entender quién era yo. Pensé que tenía que descubrir algo estático, que una vez que yo destapara la identidad incaica, sabría yo de donde vine. No supe que los incas mismos eran un conducto. Siempre fuimos multiculturales, siempre estábamos emigrando y nos sentíamos cómodos con eso. Pero una vez que lo entendí, me dio la libertad. Sentí que entonces podía ponerle mi propio toque a ésta música. Parecía bien que la siguiente pieza fuese diferente que la que la había precedido. Debo decir, que sí busqué por recursos concretos en el trabajo de compañeros míos musicólogos. Algunos querían que esta música se mantuviera estática. Ellos realmente querían identificar exactamente lo que es la música inca. Para mi es interesante mirar a los viejos instrumentos que descubrimos, y definir que clases de escalas o notas que eran posibles—tomando en consideración que los materiales de construcción cambian con los siglos, produciendo diferentes frecuencias y dependiendo de cuáles digitaciones se usen. Si tú usas la digitación occidental, lo que va a salir es la famosa, o infame escala pentatónica. Si usas digitaciones que ves en las jarras, como las de Mochica, y algunos relieves en piedra, esas son digitaciones diferentes. No sabemos cuan atento o descuidado fue el artista que estaba tallando éstas imágenes. De manera que nuestras bases para saber lo que la música inca es, se enfoca en mirar a la música andina hoy, la cual sabemos como ha cambiado. Es algo creativo. Es una bestia evasiva, y uno tiene que sentirse confortable con ella. Yo me siento más confortable ahora, pero no totalmente a gusto.

FJO: Ahora, en términos de herencia cultural, en todos los materiales biográficos tuyos que existen y que aparecen en notas de programa, eres de todas partes—

GLF: Es loco… soy toda una mezcla.

FJO: Si, me encanta. Peruana, judía, china.

GLF: Peruana misma es española e indígena, muchas clases de indígena.

FJO: ¿Entonces cómo emergen esos otros hilos en tu sentido de identidad?

GLF: Chino, no del todo, excepto que he escrito para instrumentos chinos. Una vez fui invitada al Proyecto Camino de Seda, y ellos ni siquiera sabían que yo tenía algo de china en mi. No sé porqué me invitaron. Ellos solamente buscaban a alguien que tuviera una fluidez combinando locuciones multiculturales. Yo escribo para pipa muy bien. Realmente lo hago, y la razón es que yo fui y compré una pipa. Realmente me encanta el sonido de casi clavichembalo que tiene.

En la pieza que escribí para Camino de Seda, hice un juego de palabras con el nombre. Se llama Ritmos Anchinos en lugar de “andinos.” Decimos “chino” en español, así que ritmos y chinos.

Es un homenaje a mi abuelo chino, pero es realmente casi andino—charango con Wu Man en la mente. Esa muchacha era Latina en su vida anterior. Su sentido del humor, su estilo flamenco. Ella es tan multicultural, y generosa con su perspectiva que sentí la libertad para hacer algo así; pero la influencia china es solamente un revestimiento. No es algo que hago desde adentro.

FJO: Pero ésta es la historia que poco se cuenta. Supongo que tu abuelo es del lado materno.

GLF: Sí, del lado materno.

FJO: Entonces el vino a Perú.

GLF: Pero él no vino como la mayoría; a trabajar en los ferrocarriles y la búsqueda del oro. Los chinos no se quedaron sólo en California. Ellos continuaron bajando la costa. Hay muchos barrios chinos en Latinoamerica que son muy interesantes. Hay otra manera en la que sí soy “china,” y eso es mi cocina. Crecí comiendo chifa. Chifa, es un método de freír chino-peruano. Puedo hacer muchos platos chifa. Ésta es la única cosa que realmente puedo reclamar como algo que ha estado conmigo por mucho tiempo. Mi bisabuelo es el que realmente era chino. Él vino con algún dinero. Pudo pagar por su pasaje, y él puso tiendas en un pueblo llamado Moro, y siempre le decía a todos lo multicultural que el Perú es como nación. Y Perú siempre ha gozado una buena relación con China, siempre intercambiando trabajadores.

FJO: Eso es cierto con otros países asiáticos. Hay un intercambio cultural más abierto que la mayor parte de la gente se imagina. Perú una vez eligió a un presidente cuyos padres eran japoneses.

GLF: Y ellos lo llaman Chino: el Chino. Ellos no dicen el Japonés. Ésta es una manera muy casual y simple de entender otras etnias, es algo que encuentras mucho en países Latinoamericanos, porque es tan fluido. Al mismo tiempo, éstas sociedades pueden ser muy segregadas.

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